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Aprendiendo a Meditar en Español

Por Bruno Límenes //

La vida es hermosa, dolorosa, divertida, confusa, es una amalgama de distintas experiencias. De ahí la pregunta: ¿qué tan seguido estoy presente con toda la gama de vivencias que el día a día me brinda? Esa fue la pregunta que dio a luz mi interés por la meditación. Quería entender cómo permanecer abierto a mi vida, y apenas empecé a buscar, noté que quería algo que además se sintiera como una herramienta aplicable a la cotidianidad. No quería algo que solamente funcionara mientras lo practicaba, sino que al levantarme del cojín de meditación la atención se mantuviera a lo largo del día. 

Eso fue lo que encontré al llegar a mi primer retiro de meditación en el pequeño pueblo de Tepoztlán, en mi natal México. Una práctica que terminaría adquiriendo una cualidad parecida a la de bañarme cada día o lavarme los dientes, algo no tan ajeno a mi vida cotidiana. Aquello formaba parte de la manera cómo me relaciono con mi cuerpo, con mi mente y con las emociones. A partir de ahí es que empecé a entenderme a un nivel psicosomático. Lo que sentía en mi mente y en el corazón se veía reflejado en mi cuerpo, y el simple acto de prestar atención y traer amabilidad y gentileza hacia mi mente me ayudó a abrir el abanico de experiencias posibles; me ayudó también a permanecer abierto a la totalidad de la vida. En ello reside la riqueza de la práctica de  la meditación. 

Ahora bien, aunque es evidente que la mente es la misma en el cojín de meditación que en la vida cotidiana, siempre he estado agradecido por el ambiente en el que se me presentó la práctica. el estar rodeado de las montañas en Tepoztlán ayudó a apreciar lo que estaba recibiendo, me ayudó a permanecer curioso de qué tan profundo y sutil era la práctica. Ahora bien, aunque en últimas instancias la mente es la mente, en un mundo relativo es importante crear las condiciones para ser introducido a la práctica de la meditación. 

No sólo pude recibir la instrucción en mi lengua materna, pero la cultura que respiraba me era conocida, la magia de las montañas me intrigaba y me hacía sentir seguro. Todos estos ingredientes se conjuntaron para lograr crear el ambiente necesario para iniciarme en la práctica de la meditación. 

Vivo ahora en otras montañas, y en un país distinto. Shambhala Mountain Center y Colorado son lo que ahora llamo mi hogar, y la experiencia ha resultado interesante. De cierta forma ha sido como saltar y aparecer en otro planeta que me resulta familiar pero, al mismo tiempo, distinto. Debo decir que, por un lado, esto me dio una sensación de curiosidad ya que es interesante ver cómo otras culturas realizan el día a día. También me causó nostalgia y algunos momentos donde las diferencias culturales salieron a la superficie y con ellas las dificultades. 

Entonces, ¿cómo crear ese ambiente que invita a relajarse y profundizar en nuestra experiencia? En mi opinión esto se puede lograr rescatando los puntos sutiles que permanecen en nuestro corazón sin importar dónde nos encontremos. La curiosidad y aprecio sobre el mundo en sí, son ingredientes importantes. El sentimiento de otredad puede resaltar la sensación de soledad que uno lleva, aunque en primera instancia no la reconozcamos pero en realidad esa sensación nos acompaña en todo lugar, y en verdad no representa un problema, ya que forma parte de la condición humana, y vale la pena prestarle atención. Es en este sentimiento que se encuentra la base de la compasión y la interconexión, ya que sentimos lo que todos los seres vivos sienten, podemos intercambiar el yo por el otro. 

La idea de crear un programa en Colorado donde se hable español y se pueda compartir una cultura común seguramente ayudará a neutralizar los posibles obstáculos. A partir de mayo esto se volverá una realidad. 

Aprende a Meditar (Learn To Meditate: A Program in Spanish) con Bruno Límenes, May 29–31 — clic aquí para saber más

About the Author

Bruno Límenes nació en la Ciudad de México, y creció en Cuernavaca dónde encontró las Enseñanzas Shambhala a la edad de 16 años. En 2008 regresó a la Ciudad de México para estudiar música clásica e historia. Fue uno de los fundadores del Grupo Shambhala en esa ciudad del cuál fue el coordinador por 7 años. Ha sido traductor e intérprete de programas de Shambhala y facilitador y desarrollador de programas para Shambhala en Línea. Actualmente trabaja, práctica y vive en Shambhala Mountain Center.

 

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